MES DE ABRIL DE 1999
Hacía casi
diez años que había fallecido mi esposa Nico, y por expresarlo de alguna
manera, ya casi me había hecho con los mandos de la organización y control del
hogar y en consecuencia me había constituido en el único timón de la familia,
no fue fácil penetrar en este aspecto en la coyuntura creada por la desgraciada
contingencia acaecida, sin embargo gracias a la mucha ayuda recibida por parte
de todos los que vivían a mi alrededor, familia y amigos, me recuperé dentro de
lo que cabe, y lógicamente sin obviar aquel desdichado trance permanecía
tranquilo y con ganas de vivir pensando más en mis hijos que en mí.
Unos cuatro
años antes, había dejado la empresa en donde trabajaba, la compañía aérea
debido a unas restructuraciones que tuvieron que hacer por mor de los malos
resultados institucionales cosechados durante ese periodo de crisis en las
empresas dedicadas a la aviación civil en todo el mundo. Mi compañía en
particular, propuso a los empleados que quisieran acogerse a la jubilación
anticipada, dar facilidades especialmente a los más antiguos empleados, para
que pudieran aceptar las condiciones que presentaron para este fin, y aunque
por aquel entonces, yo solo rondaba los 55 años, vi hacer posible lo que desde
hacía un poco tiempo atrás recorría por mi mente, que no era otra cosa que
jubilarme a los 58 para poder dedicarme absolutamente a mis hijos, más cuanto
que mi hija mayor, que había terminado ya sus estudios de turismo y al no tener
ya otras obligaciones, podía asumir en mi
ausencia el celo de su hermana, cosa que
yo no podía cubrir por completo por mis motivos laborales. Mientras, Pili que
había terminado sus estudios de turismo, fue admitida como azafata del tren AVE
casi recién construido, y esa eventualidad que en parte frustraba la labor compartida
que teníamos para la atención a Cristina, fue también el revulsivo y la llave
para que me decidiera a solicitar de la empresa que si las condiciones eran
propicias estaba dispuesto a aceptar la jubilación anticipada que me proponían,
convenio que me satisfacía en dos sentidos, me eximía de la obligación del
trabajo y también liberaba a mi hija mayor en gran parte de la atención a su
hermana allanando así el camino a Pili para su incorporación al nuevo empleo.
Mi vida particular, seguía su rumbo sin
demasiados altibajos, y aunque no era ajeno al detalle de que debería llevar un
exhaustivo control de la economía al menos durante 3 años, conservaba mi status
económico, sin dificultades monetarias gracias al paro que empecé a cobrar y al
fondo dinerario que mantenía en mi
cuenta bancaria debido a la indemnización que cobré por la empresa, alrededor
de 22.000.000 PTS. (Unos 132.000€). En este sentido, todo parecía marchar tal
cual yo lo tenía pronosticado hasta mi jubilación definitiva que estaba
prevista para 36 meses después, y aun teniendo en cuenta que debería reservar como unos 9 millones para
cubrir el puente sin ingresos entre el cumplimiento del plazo de finalización
de la prestación por desempleo que tenía asignada hasta mi jubilación decisiva,
en este sentido, ese acoplamiento que de cualquier forma estaba previsto,
tampoco me apremiaba en demasía.
En septiembre de 1999, mi hija mayor Pilar
contrajo matrimonio y un poco antes, llevado por la inquietud que de siempre ha
mantenido mi hijo Alfredo, este decidió por su cuenta emanciparse y dejar el
hogar familiar por lo que nos quedamos viviendo en la casa, solos mi hija
pequeña y yo. Era una situación no difícil de sobrellevar pero si de mayor
atención ya que por entonces Cristina contaba solamente con apenas 16 años que
cumpliría en octubre y requería de mí el esmero puntual para que según mi
criterio, pudiera en esa edad tan precaria consolidarse en un futuro muy
cercano, como cualquier joven bien madurado, esa entendí yo que me había
quedado como responsabilidad añadida.
Mientras tanto, y según se iba prolongando
esa situación de dependencia bilateral, entre los dos únicos miembros de la
familia que vivíamos en el hogar, íbamos fraguando debido a las circunstancias,
un binomio muy identificado, Cristina y yo pasábamos mucho tiempo juntos, todo
el que nos permitía nuestras obligaciones personales, que por otro lado no eran
muchas, pues yo solo me dedicaba ya a la casa y ella al instituto. Los viernes
que yo iba con los amigos a jugar la partida, muchas veces venia conmigo y
permanecía sentada a mi lado mirando toda la tarde, para después por la noche
irnos al cine. Los veranos nos íbamos a Benidorm unos días y el resto lo
pasábamos en Pelayos. Así transcurría mi vida.
UN PERIODO DE INDECISIÓN Y ZOZOBRA
Por entonces, mi
amigo Luis estaba pasando una ligera crisis económica derivada de sus negocios
de restauración. Explotaba un restaurante en la zona de Chamartín, que no
rendía como había previsto y tuvo que dejarlo tras una etapa de algo más de 2
años de poca productividad. Un amigo en común, le comunicó, que había
posibilidad de coger un gran local en alquiler. En una zona Industrial en San
Sebastián de los Reyes, le informó, que era un entorno muy atractivo pues se
trataba del cinturón del polígono donde tiene su sede Antena 3 TV y justo al
lado también, una importante centro de una significativa empresa constructora
con más de 500 empleados y que podría resultarle muy interesante para instalar
en esa zona su nuevo Restaurante. Esta confidencia de nuestro mutuo amigo común
le resulto a Luis tan sugestiva que apenas tardó en decidirse en llevar a cabo
la idea que le habían proporcionado, solo le faltaba el dinero para la
financiación pues la salud de su economía estaba en situación inestable debido
al gran descalabro que tuvo con el negocio que hubo que dejar unos meses antes.
Una mañana del verano del 97, estando yo en
Pelayos donde residía durante ese periodo estival, y supongo amparado en la
amistad que nos unía, Luis me llamó para plantearme su propósito y el plan que
había fraguado para consolidar lo que tenía en mente que no era otra cosa que
efectivamente poner en marcha y en el mínimo tiempo posible la idea que le
había trasladado nuestro común amigo.
Nos reunimos y me planteo la idea de tal
manera, que a mí me fuera imposible rechazarla por atractiva. Lo que me
transmitió, no solo era la de involucrarme con él en este empeño, aportando una
gran parte del capital necesario para poder poner en marcha la idea y que por
tanto, también nos convertiríamos en empresarios pactando una sociedad para la
explotación conjunta del negocio. Cierto es que esta propuesta me sedujo más
que nada porque vi abierta la posibilidad de que fuera mi hijo Alfredo el que
tomara por mí las responsabilidades que me correspondieran en este proyecto,
abriendo así mismo una vía de trabajo para él, es seguro que de no concurrir
esta alternativa, me hubiera negado a la propuesta de mi amigo Luis, ya que mis
planes económicos estaban meditados y por supuesto bien trazados como para no
tener que depender de una fuente ajena de ingresos, que me asegurase libertad
económica para cubrir el puente entre la fecha de mi jubilación anticipada y la
fecha de mi jubilación oficial cuando empezaría a cobrar la pensión acumulada
durante mi vida laboral, aunque tampoco estoy seguro de que de no darse estas
circunstancias, podría haber pensado dejar algo de capital a mi amigo,
prácticamente sin exigir ninguna contrapartida por parte de él, simplemente por
el hecho de ser amigo mío, y porque mi carácter solidario y tremendamente leal,
así me lo exigían. Esa es una de mis características y la mayor parte de veces,
la odio. Siempre quiero salvar a los demás. Es decir, cuando veo a alguien
perdido por cualquier motivo, intento ayudarle. Alguna que otra vez me he
metido en un lio y he acabado yo hecho polvo, pero todavía no he aprendido a
solucionarlo y supongo que a mi edad va a ser difícil corregirlo. El caso es,
que accedí a su promesa de una sociedad en toda regla, y tal fue la implicación
a la que fui sujeto, que Luis me embaucó desde el principio para que
compartiese con el cualquier decisión que se requiriese en todo el entramado
que conlleva la puesta en marcha del negocio, consultándome, o haciendo que me
consultaba, cualquier decisión o trámite que surgiera como la distribución del
local y visitas a la administración o abogados para completar documentos y
licencias precisas. Fueron 2 meses de continua agitación de visitas a juristas,
reuniones con el personal a contratar y contratistas de obras para la
aclimatación del local, y aunque cierto es que Luis llevaba toda la iniciativa,
también mostraba querer hacerme participe de las decisiones, aunque por lógica,
yo siempre delegaba en el la disposición definitiva
Al final llegó como no podía ser de otra
forma, el día de la inauguración del Restaurante, que finalmente se le puso de
nombre Luis II, a pesar de haber tanteado entre ambos el nombre que le daríamos,
y nunca este surgió. Sin embargo, sí dos cosas quedaron claras en nuestro
acuerdo verbal, ya que no firmamos ningún documento a priori, son: 1.- Yo era parte
del negocio como socio, y 2.- mi hijo Alfredo trabajaría en el integrando parte
de la plantilla y en formación para en un tiempo prudencial, tomar puestos de responsabilidad como
representante mío ya que era el socio capitalista.
El día de la inauguración, un 23 de
octubre de 1.999, Luis me confirmo que se abría el Restaurante por fin, y que
invitara a mis familiares y amigos para que asistieran conmigo al evento.
Fueron mis hijos, hermanos, primos, mi madre y varios amigos que estaban
informados de este proyecto. También por parte de Luis, fue amplia profusión de
amigos y familiares por lo que nos juntamos allí gran número de personas
celebrando el acontecimiento. Excuso de relatar aquí como fue aquel ceremonial,
pero sí que fue ampuloso, y con un carácter festivo de protocolo de éxito, recogí
las felicitaciones de mis amistades por haber llegado con superación a ese
final y me desearon suerte para el progreso del negocio, en el que había
invertido un total de aproximadamente unos 20.000.000 de pesetas y puesto muy
en riesgo mis planes económicos de futuro.
La prestación por desempleo que estaba
cobrando se consumió como era previsto durante ese periodo de creación del
restaurante, por tanto cuando por fin se consumó la apertura del mismo, yo ya
no disponía casi de fondos para sobrevivir, y solo esperaba que el negocio me
diera esos medios que necesitaba, así se lo expuse a Luis cuando nos reunimos
finalmente para legalizar la evolución de asociación que sin control previo,
habíamos acordado verbalmente, basado yo exclusivamente en la confianza que
tenía con Luis y como me lo había planteado en la primera idea que me traspasó
para ese fin.
Andaba yo un poco suspicaz debido a las
turbias maniobras que había observado por parte de Luis durante los primeros
días tras la apertura, y no tener ningún documento legal que amparara todo lo
que verbalmente se suscribió entre él y
yo en nuestras previas reuniones para la aportación que yo debería hacer,
también me alerto mi hijo que desde dentro de la empresa, pues comenzó a
trabajar así mismo en el restaurante, de que aclarara con Luis cuanto antes,
como iba a quedar la asociación ya que mi hijo Alfredo había observado comentarios
maliciosos por parte de Alfonso hijo de Luis, que también se incorporó a
trabajar en el restaurante, cuestión que no habíamos hablado ni por supuesto
previsto previamente y de la que por lo tanto yo no tenía referencias. Me reuní con Luis para ponerle al tanto de mi
situación y que entendiera que necesitaba ya, una vez funcionando el
Restaurante y a un buen nivel desde el comienzo, que era preciso que yo
recabara dinero, para ir solucionando el día a día pues había aportado ya todo
mi capital, y también había terminado con la paga de compensación por
desempleo.
Como una semana después, nos reunimos para
aclarar definitivamente en las condiciones que quedaba la asociación, me
presentó un contrato que había sido redactado por un abogado para que lo
firmara y quedara claro cuál era mi situación. Repasé atentamente el referido
documento y también por mi cuenta consulte con un letrado para que me aclarara
cual era y como quedaba realmente mi situación en la presunta sociedad respecto
a la vista del documento que le presenté.
El informe del letrado a la perspectiva del documento, me dejo tan atónito que
no podía creerlo por ignominioso, mas también es cierto que sólo me culpé yo
mismo por haber accedido a esa trama solamente cogiendo como escudo mi buena fe
y creyendo en la reciprocidad. El documento en cuestión señalaba algo así como
que el valor total del negocio superaba los 150.000.000 millones de pesetas, ya
que la firma acreditada como Restaurante Luis con el anagrama de la gamba,
suponía un valor añadido de 100.000.000 millones de pesetas, por lo que a los
aproximadamente 20.000.000 que yo había invertido, suponía solo un 13% de la
empresa que era la cantidad que figuraba en el contrato. En el documento
también figuraba él, como único gerente
y administrador general, igualmente la formalidad se redactó como una participación
temporal, tenía una duración de 5 años, tras los cuales Luis se comprometía a
restituirme el dinero que yo pudiera tener invertido ahí y quedaría con este
compromiso la sociedad disuelta. La
conversación durante ese acto entre Luis y yo se tornó tensa, al mostrarme yo
contrariado por el perjuicio del que había sido objeto, más tras un tira y afloja
al no quedar yo conforme, finalmente accedió a pasar del 13% al 16% y que cada
mes, me pasaría un estadillo de los resultados financieros para que yo pudiera
seguir la evolución del negocio. Asimismo pactamos a petición mía, en que me
pasaría todos los meses 200.000 pesetas a cuenta, para que yo pudiera manejarme
económicamente. Con estas premisas yo firmé mi conformidad lógicamente
habiéndome sentido engañado, pero queriendo dejar zanjado de una vez por todas,
este embrollo en el que lamentaba muchísimo haberme metido y queriendo abrir
una nueva etapa de mi vida que se turbaba en lo económico si no era capaz de
aguantar dos años hasta la concreción de mi jubilación definitiva.
El primer mes que se me facilito el
estadillo referido que emitía la
gestoría que atiende los negocios de Luis desde siempre, observé mediante el
estudio exhaustivo que apliqué sobre el documento, que el capital que yo
presumía tener invertido en ese negocio, había disminuido en una cantidad
respetable así como 280.000 pts. Al interesarme por la causa de semejante
depredación, Luis me informo con mucho ceremonial y con la etiqueta de un padre
tratando de explicar algo que es difícil de comprender, que en los primeros
meses en los negocios, hasta que empiezan a andar no dan beneficios sino
perdidas, que es lo que pasa en este caso, y que por tanto estas, “las perdidas”,
hay que implicarlas en los análisis del informe de resultados, estos quebrantos
habían deparado una sustracción en mi cuenta de 80.000 pesetas más también
había que restar las 200.000 que me había aportado debido al convenio que
habíamos estipulado. Esta situación de presentación de las cuentas mensuales
con la sustancial rebaja del capital invertido por mí, se repetía mes a mes
creándome con el paso del tiempo, una gran inseguridad en lo referente a mi
futuro económico tal como yo lo había previsto. Muy frustrado lógicamente por
la evolución que había tomado el fondo
de esta cuestión, y por comprender no tener ya más remedio que aceptarlo, pues lo
basaba en mí buena fe y había dejado maniobrar a Luis que se había ya provisto
de los instrumentales necesarios para llevar a buen término, lo que yo
considero sin duda fue su trama inicial, pensé seriamente salir de esa especie
huracán que me envolvía y me empobrecía mes a mes durante casi un año. Yo con
el capital que había invertido iba sufragando las pérdidas que según Luis, iba
generando el negocio, que se iban descontando junto con la prestación señalada
que tenía asignada, y que veía con desolación en el estadillo que él me
facilitaba. En un momento determinado, Luis se atrevió incluso a despedir a
Alfredo. Las razones de este innoble hecho, y aunque tras pedirle explicaciones
a Luis, este permaneció firme en su decisión, eran para mí que Alfredo
resultaba incomodo tenerle dentro, ya que me revelaba directamente ciertos amaños
que se permitían entre Alfonso (hijo de Luis) y su padre, a lo que Alfredo no
se mostraba de acuerdo y posteriormente me comunicaba, advirtiéndome que
estuviera alerta pues algo se tramaba y no era precisamente en mi beneficio.
Yo había echado ya mis cuentas, solo me
quedaba un año para empezar a cobrar la pensión de jubilación y entendía que
ese espacio, podría cubrirlo con el dinero que aún me restara del capital
invertido. En 1999 precisamente el día que cumplía 59 años y tras diez meses de
la solemne inauguración del Restaurante, advertí a Luis que quería dejarlo, que
me devolviera el dinero que pudiera tener aún en la cuenta y que firmáramos un
documento que anulara todo lo anteriormente pactado bien verbalmente o por escrito.
Tras la consulta supongo que Luis hizo con su administrador, me informó que en
una semana me devolvería el dinero y tendría los documentos que le habían
preparado para la firma como habíamos convenido, poco después nos reunimos, trajo
consigo un informe preparado por la
gestoría que le administraba referente al rendimiento del restaurante desde el
primer periodo. Rehusé el análisis del estadillo haciendo caso omiso al mismo al
comprender que tendría que darlo por bueno y también suponer que estaría elaborado
y ajustado a sus intereses, ante esta reticente actitud mía, él somera y verbalmente me orientó acerca de
las conclusiones de lo englobado en
mencionado “memorial” que tan solo registraba cifras negativas. Recibí como
devolución y ajuste final del convenio 13.000.000 de pesetas. Haciendo la
cuenta, advertí que había perdido durante los 10 meses que duró la aventura, 5.000.000
ya que 2.000.000 fue la cantidad que había recibido como anticipo derivado de
las prestaciones de 200.000 pesetas que me hacía mensualmente.
RECUPERANDOME DEL
NAUFRAGIO PARA VOLVER A EMPEZAR
Estaba
ya en el segundo trimestre del 99 y aunque condicionado por los deslices
ya pasados y las zancadillas soportadas veía aun el horizonte a un año visto con
cierta confianza, pues en realidad y a
pesar de haber padecido una merma considerable en mi capital, resolví volver a
hacer nuevos planes acorde con la nueva situación creada. Para esta nueva
coyuntura, tomé en cuenta dos consideraciones. Primero: si tendría fondos suficientes
con lo que me quedaba de capital, para subsistir cubriendo el plazo de tiempo
que me quedaba para poder cobrar definitivamente la pensión. Segunda: si la
pensión que me tendría que ser asignada, la cual yo todavía no había calculado
pues debería tener en cuenta la reducción a la que sería sometida la paga que
me correspondiera toda vez que por ley, me seria reducida en un 6% por año si
me amparaba al convenio de jubilarme antes de los 65, en mi caso debería
computar una reducción sobre la paga integra de 30%, ya que había decidido
jubilarme oficialmente a los 60 años.
Acerca de la primera consideración entendí
que 13.000.000 de pesetas era un bagaje sustantivo para abordar el tiempo
previsto calculado en un año, lo cual me dio una cierta tranquilidad en lo que
ha financieramente se reseña. Y en lo que se refiere a la segunda
consideración, ya he comentado que no tenía por las circunstancias descritas,
idea de cuál sería finalmente la cuantía de la pensión que se me asignaría
teniendo en cuenta las vicisitudes relatadas con anterioridad de anticipar mi
jubilación 5 años.
El siguiente paso a seguir, fue
interesarme intensamente en arreglar los papeles y documentos necesarios que me
requirieron de la administración, cuestión que no resultaba fácil, ya que
debería justificar todos mis años cotizados desde que empecé a trabajar a los
14. Teniendo en cuenta que yo solo había trabajado en la Swissair durante los
últimos 30 años, y debería de justificar
al menos 35 para optar a la totalidad de lo que me correspondiese por ley, ya
que habría contar de antemano con una reducción del 30% por las circunstancias
anteriormente expuestas. Bajo esta premisa,
no tenía más remedio que fajarme con tesón en el empeño, de demostrar a
través de los archivos de la Seguridad Social, que había cotizado supongo otros
5 años al menos trabajando en el Hotel Plaza, donde estuve un total de 8, pero
yo no estaba seguro si aparecería como cotizante durante ese periodo, pues
dudaba debido a las condiciones laborales que se manejaban en aquellos tiempos
de pre-democracia.
Muchos fueron las visitas a las distintas
oficinas de la Seguridad Social y también al departamento correspondiente del
Hotel para al final poder conseguir mi justificación de 35 años de vida
laboral, pero finalmente pude presentar en la administración, mis papeles
necesarios en regla para que al final me asignaran una pensión de 750 € por 14
pagas anuales.
Con esa cantidad, tuve que empezar de cero
en el año 2000, a mí me pareció bien, y bien hubiera estado si hubiese sido
capaz de haber podido reservar una cierta cantidad del dinero que recibí cuando
quede liberado del negocio ya relatado, pero esa es otra cuestión a la que no
me quiero referir en esta historia.